El Quijote Cabalista
No en vano se le llama el Príncipe de los Ingenios. Miguel de Cervantes Saavedra, de quien se sospechan orígenes hebraicos, necesitaba afinar al máximo la agudeza de su materia gris para sobrevivir a la Inquisición sin renunciar a sus convicciones, su cultura ni, sobre todo, a la oculta sabiduría acumulada en los sucesivos destierros -Babilonia, Egipto, Europa- de su pueblo; fiel reflejo, en muchos aspectos, de la tradición esotérica universal. Como la mejor defensa es el ataque, no se le ocurrió mejor cosa que escribir un maravilloso libro secreto dentro de otro libro, El Ingenioso Hidalgo Don Quilate de la Mancha, no menos fascinante: sólo quien supiera ver ciertas señales, donde los demás únicamente percibían la literalidad de lo escrito, estaría en condiciones de entender su audacia.
Ahora, con la distancia del tiempo, podemos comprender que se trata de una de las «chulerías» más valerosas y gallardas que han ocurrido jamás. Apenas algo más de cien años después de que en 1492, con la expulsión de los judíos- la tolerante España de las tres religiones hubiese quedado destruida para siempre, y mientras -en 1615- el gobierno de su católica majestad expulsa a los últimos moriscos, un precario «marrano» o «anusim» -judío que se finge cristiano-, de orígenes inciertos y tal vez con cédulas de nacimiento trucadas, se atreve a desafiar a los poderes establecidos.
Lo hace con un relato aparentemente inocuo, pues aparenta decir justamente lo contrario de lo que dice. Y no sólo dejando caer entre lineas mensajes, alusiones y guiños al lector iniciado que pueden costarle la vida, sino exponiendo con la sutil maestría de quien conoce a la perfección el simbolismo encerrado en arquetipos universales- un verdadero manifiesto contra el dogmatismo, la arbitrariedad y la intolerancia de quienes, so pretexto de cualquier credo, tratan de coartar la libertad de los demás.
LA HUELLA EN EL ALMA
Este mensaje subliminal queda indeleblemente grabado en la mente del lector de El Quilate, aunque en la mayoría de los casos no sea del todo consciente de ello, y en muchos ni lo sospeche. A ese valor añadido se debe, sin duda, la sensación de plenitud que proporciona su lectura, así como el resonante bouquet que suele dejar en el alma. Sólo un profundo estudioso de ciertas «técnicas» cabalísticas -por ejemplo, la utilización del poder no sólo semántico, sino también fonético y vibratorio de las palabras, entendidas como sefirots o emanaciones del Verbo que fuese, además, un «marrano» sediento de justicia, tendría conocimientos y razones para llevar a cabo tan arriesgada venganza en la España férreamente católica del siglo XVII.
EL JUDÍO ERRANTE
Pero, ¿era de verdad un «anusim» don Miguel de Cervantes Saavedra? Existen varios investigadores contemporáneos que lo afirman taxativamente. Para Leandro Rodríguez, profesor de español en la Universidad de Ginebra, Cervantes nació de padres hebreos, y no lo hizo en Alcalá de Henares, como dicen unos, ni en Alcázar de San juan, como dicen otros, sino precisamente en Cervantes, pequeño
pueblo montañés cercano a Sanabria (Zamora). Era ésta una región española que, al igual que algunas otras, incluyendo la propia Mancha, se encontraba lo bastante apartada de la corte como para poder acoger sin peligro, si se cumplían pequeñas formalidades externas, a judíos españoles que no deseaban dejar de ser ni una cosa ni la otra.
El profesor Leandro Rodríguez, en su libro Sanabria, región de D. Miguel de Cervantes, sostiene que el autor de El Quijote puede que hubiese nacido en Cervantes de Sanabria hacia 1549, y que en dicho «lugar de las montañas de León» viviese hasta los 1 8 años. En su opinión, los documentos que presentan Alcalá de Henares y Alcázar de San Juan para disputarse la cuna de El Manco de Lepanto «son falsos y se refieren a personas muy diferentes».
En el capítulo 39 de la primera parte de la novela, que muchos consideran autobiográfico, pues haría referencia al cautiverio de Cervantes en Argel, éste pone en boca de un preso, «el cual en su traje mostraba ser cristiano recién venido de tierra de moros», las siguientes palabras: «En un lugar de las montañas de León tuvo principio mi linaje, con quien fue más agradecida y liberal la naturaleza que la fortuna...»
Leandro Rodríguez señala que Cervantes de Sanabria «es uno de los lugares donde hay más Saavedras; en actas parroquiales se encuentra el nombre de Aldonza Lorenzo, Sancho y Teresa Panza, y también existe una llamada Cueva de Montesinos».
Tal vez el desafortunado linaje cervantino no tuvo necesidad de esconder sus raíces en las montañas de León, pero su ascendencia hebraica -sea cual fuere el lugar donde Cervantes hubiera nacido-parece cada vez más evidente. Así se lo parece, entre otros investigadores, a la hispanista alemana Ruth Reichelberg, quien en su ensayo Don Quijote o la novela de un judío enmascarado encuentra en El Qujote «la identidad y la cultura judeo-españolas de su autor, ocultas por siglos de inquisición y aculturación. Desde 1 587, Cervantes fue perseguido por los tribunales de la Inquisición, excomulgado y encarcelado por razones que están lejos de ser claras».
Tampoco está nada claro a qué se debe la continua agitación y trashumancia de Cervantes, quien siempre parece estar huyendo de algo que no soporta, o bien buscando algo que necesita imperiosamente.
No cabe duda de que, en cualquier caso, algo oculta. Lo sospechan Salvador de Madariaga, Azorin, Ortega y Gasset, Unamuno.,. Américo Castro, en El pensamiento de Cervantes, llama al autor de El Quijote «un gran disimulador que, con opiniones e ideas encontradas, mediante ironías y habilidades, se opone a las ideas imperantes de su tiempo, se incrusta en el forcejeo del alma cultural en una operación crítica sin paralelos».
Las preguntas sobre esa vida inquieta y disimulada se amontonan: ¿a qué se debe su simpatía por los moriscos, expresada de modo evidente en el reencuentro -capitulo 54- de Sancho Panza con su antiguo vecino Ricote? ¿Es coincidencia que esta historia se publique en la segunda parte de El Quijote, poco después de que hayan sido expulsados de España los moriscos?~Que tipo de enseñanzas recibió Cervantes durante sus cinco años de cautiverio en Argel? ¿Por qué se respira en algunos pasajes quijotescos como el de la retirada del Caballero de la Triste Figura a Sierra Morena- una atmósfera claramente sufí?
UNA MISIÓN PROFÉTICA
más preguntas todavía: ¿Qué vino realmente a buscar Cervantes en Toledo, la más importante cuna de la Cábala y ciudad donde estuvo viviendo de 1600 a 1603, cuando su judería, también la más antigua de España, todavía permanecía rebosante de saberes mistéricos, pese a que, aparentemente, los judíos habían sido ya expulsados de nuestro territorio? ¿Qué otra cosa son sino judíos camino del destierro los «prisioneros encadenados» que liberó Don Quijote? ¿Quién era realmente este «Cervantes Saavedra», palabras cuyo significado cabalístico parece ser «Sirviente del Saber» (en francés, servant du savoir)? Estos interrogantes, salvo que aparezcan documentos hoy ignorados, no pueden contestarse con exactitud. Aunque si puede deducirse, de la lectura sesgada de El Quijote, que Cervantes era un iniciado en los secretos de la Cábala, y no de los menos importantes, pero también de otras fuentes de conocimiento de tradiciones más remotas.
Que fuera cabalista lo sostiene otra hispanista célebre, Dominique Aubier, en su libro Don Quijote, profeta y cabalista (Ediciones Obelisco, Barcelona, 1981). Aubier considera no sólo que Cervantes era un eminente estudioso de la Cábala, sino que estaba imbuido de la creencia en su misión profética:
como la de Ezequiel en tiempos del éxodo babilónico, la suya era la de alimentar la esperanza de aquella parte del pueblo judío que permanecía soterrada y atemorizada en nuestro país desde hacía más de cien años.
SALVA A AMADÍS DE GAULA
Por eso, aseguran algunos investigadores, Cervantes, en su novela, salva de la quema el libro de Amadís de Gaula: Amadís significa el Amado o, lo que es lo mismo, el Mesías que rescatará al pueblo judío de la esclavitud; y Gaula, la Gueula hebrea; es decir, la Redención futura. El Quijote, sin embargo, es un libro tan sumamente rico que caben esas sugerencias mistéricas y muchas otras. Cervantes era sin duda cabalista, pero a la grandeza de miras de su espíritu cabían otros adjetivos, entre ellos el de «templario», en el sentido de «demandante» o buscador del Grial, y también de «católico» en su más prístino sentido: el de aquél que desea universalizar la experiencia sagrada, superando las limitaciones doctrinales de las tres «religiones del Libro» -judía, musulmana y cristiana- y fundiéndolas en una sola confraternidad sin dogmas.
Se trata de una idea sumamente moderna que, por eso mismo, era peligrosa en extremo durante el siglo XVII, tanto para la ortodoxia de los cristianos como para la de los musulmanes y los judíos, pero que se asegura ya había sido esbozada por la Orden de Sión -sociedad secreta a la que se atribuye haber marcado los destinos templarios- con su proyecto de establecer una sinarquía o gobierno universal bajo la advocación de Nuestra Señora. O sea, de la diosa Isis transfigurada en la Virgen Maria, cuya imagen templaria es negra, al igual que aquélla. La Cábala, en cualquier caso, no siempre responde a la ortodoxia religiosa judía, sino más bien a otras pulsiones más antiguas, soterradas y universales. «La iniciación del Conocimiento comienza por una pérdida del conocimiento», dice El Zohar. Por eso, en su «queste» o búsqueda del Grial, Don Quijote comienza por volverse loco -con lo que pierde el conocimiento-, y sólo recupera la sensatez -y con ella el Conocimiento al final de su aventura.
El saddhu que busca a Dios por los abrasados caminos de la India también está como alucinado pues, como Don Quijote, ha perdido todas sus posesiones terrenales, incluidas sus anteriores creencias, al objeto de poder experimentar directamente, algún día, la maravilla de la iluminación.
¿ISIS O DULCINEA?
La búsqueda del Grial es esa búsqueda de lo femenino que caracteriza a las antiquísimas religiones matriarcales. El caballero andante, con su lanza de Longinos en ristre (símbolo fálico), va en busca de su dama (El Grial, Cueva Sagrada o Santa Vulva): Isis o el reencuentro iluminado con la sabiduría de la
Madre Tierra. En esta búsqueda o demanda, el alma debe permanecer como ausente; de ahí la locura quijotesca. El Zohar de Moisés ben Tob de León afirma que «El alma es al cuerpo lo que el caballero es a la montura». La búsqueda griálica debe fiarse, por tanto, al instinto; de modo que el caballero -como hace Don Quijote con Rocinante en su primera salida- deja las riendas sueltas a su caballo, al objeto de que sea el instinto del animal -y no el alma de quien lo monta- el que marque la ruta sagrada. La recompensa de esa aventura no es otra cosa, en efecto, sino la iluminación: «Yo tengo ya juicio libre y claro sin las sombras caliginosas de la ignorancia», dice Alonso Quijano, ya repuesto de la «locura» quijotesca, al final de su vida.
¿Cuáles son las «sombras caliginosas de la ignorancia» que nublaron el juicio de Don Quijote? Las mismas sombras de aquellos frestones que mudan en la rústica Aldonza Lorenzo a la simpar princesa Dulcinea del Toboso; es decir, aquélla que es «dulce» y «buena» para quien alcanza a conocerla: dulce, de Dulcinea, y buena de Toboso, pues en hebreo Tov significa bueno. Dulce y bueno -aseguran los antiguos egipcios- es para el hombre que Isis -la diosa del Conocimiento- se muestre ante él sin velo alguno.
EMANACIÓN FEMENINA DE DIOS
Isis es la Shekiná de los cabalistas, que no es otra sino la Dulcinea del Quijote, mudada por los brujos encantadores en la burda Aldonza. ¿Y qué es la Shekiná? En términos cabalísticos, no otra cosa sino la emanación femenina de Dios, con lo que de nuevo nos tropezamos con la clandestinidad de la Diosa Madre, esa misma que ha sido vilipendiada y escarnecida por la verticalidad celeste del Dios masculino,
ya sea llamado como Allah, Jehová o el Padre Eterno. Don Quijote es, por tanto, alguien que conoce la Shekiná, es decir, la sacralidad de la Madre Tierra, negada por quienes buscan lo sagrado exclusivamente en las alturas inmarcesibles y metafísicas del cielo. O, dicho de otro modo, por quienes no reconocen la santidad del cuerpo, de la materia y del ámbito ordinario de la vida cotidiana. Pues ha habido un encantamiento, una especie de operación mágica que ha trastocado el orden natural de los valores de la vida: ya no se adora a Dulcinea, sino que se la maltrata, desprecia y disfraza de Aldonza Lorenzo.
«Yo no estoy encantado, ni lo puedo estar según buen discurso dice Don Quijote-; ella -Dulcinea, la Shekiná- es la encantada, la ofendida y la mudada, trocada y trastocada, y en ella se han vengado de mi mis enemigos, y por ella viviré yo en perpetuas lágrimas hasta verla en su prístino estado... »
«Hallela encantada y convertida de princesa en labradora, de hermosa en fea, de ángel en diablo, de olorosa en pestífera, de bien hablada en rústica, de reposada en brincadora, de luz en tiniebla y finalmente de Dulcinea del Toboso en una villana de sayago (vestidura grosera)». Lo que viene a significar:
mis enemigos han ocultado a Isis con un burdo sayal. Tampoco es casualidad que la Dulcinea forzosamente disfrazada de Aldonza Lorenzo sea labradora, ya que entre los egipcios Isis, la diosa de la sabiduría, también lo era de los cultivos y de la agricultura.
LA NOVELA MÁS PODEROSA
Cervantes hizo acopio, en El Quijote, de una profunda sabiduría que es, además, profundamente española, a la vez que universal. La historia que están tratando de vendernos oficialmente, desde hace quinientos años es, sin embargo, muy distinta y mucho más pobre. Pero los interesados vendedores han logrado en parte su propósito, y la mayoría de nosotros hemos olvidado quiénes somos y de dónde venimos.
También Cervantes, en su tiempo, se quejó de eso mismo. «Su crítica más severa -escribe Bernardo Baruch- la dirigió a los administradores de los valores espirituales falsos, movidos por los molinos, sus enemigos, que simbolizaban a la fuerza de aspo de la Inquisición». Como se sabe, el símbolo del Santo Oficio era la cruz de san Andrés, en forma de aspa, la misma forma de los brazos de los primeros molinos de viento construidos en España, contemporáneos de Cervantes.
Parafraseando a Cervantes debo proponerte, desocupado lector, lo siguiente: si te ha interesado esta pequeña muestra de los muchos mensajes secretos que contiene El Quijote, si quieres empezar a despertarte, y a la vez conocer tus verdaderas raíces -ya que los españoles seremos europeos, según se nos dice, pero también somos mucho más que eso¿por qué no llevas a cabo un «ejercicio taoísta», en el que el Yin y el Yang están representados por Don Quijote y Sancho?
Olvídate del mando a distancia, suspende tu dosis diaria de anuncios-basura y vuelve a leer, con ojos nuevos, esa historia maravillosa que comienza en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre su autor tenía muy buenas razones para no querer acordarse.
En la Cábala, compendio de la mística y la magia judías, se reúnen dos corrientes fundamentales procedentes de la tradición esotérica universal, las ramas asirio-babilónica y la egipcia. Al parecer fueron absorbidas por los judíos durante sus éxodos a Babilonia y Egipto. No obstante, algunas fuentes rabínicas señalan que el Dios del Sinaí comunicó a Moisés, junto a la ley que constituye el texto fundamental del pueblo, otra ley oral que sólo se comunica a los iniciados. En cualquier caso, más tarde ciertas tradiciones orales son recogidas en dos libros: el Sefer Yezirah, es decir, el libro de la creación u origen, y el Sefer ha Zohar, el libro del esplendor. El Sefer Yezirah está escrito en los comienzos del siglo VII y VIII d.C. probablemente en Mesopotamia. El Zohar se supone que fue redactado por el judío español Moisés de León (12501 305) probablemente sobre las bases de antiguas fuentes. El fundamento de algunas de las tradiciones e ideas contenidas en estos dos libros se encuentra en la Mishnah, escrita posiblemente en el siglo II d.C.
El propósito de la especulación cabalística consiste, sobre todo, en la búsqueda de la significación secreta y simbólica de las palabras del Antiguo Testamento y, por extensión, de todas las palabras. El Zohar dice: «Cada palabra de la Ley posee una profunda significación y contiene un misterio: las palabras de la Ley son como sus vestiduras: seria un error el interpretar los ropajes por la Ley misma».
DOCTRINA SECRETA
Estas doctrinas, de las que El Quijote se hace eco, secretamente, en multitud de páginas, están reservadas con rigor a un pequeño circulo de iniciados. En un pasaje de la Mishnah se lee: «Está prohibido explicar la historia de la Creación a dos personas y la historia del carro celeste -referencia a la misteriosa escena narrada por Ezequiel, en la que algunos han querido ver la llegada de una nave alienígena no debe explicarse ni siquiera a una sola persona, a menos que se trate de un sabio que pueda comprendedla por si mismo». El circulo de los iniciados, que lleva el nombre de «Mekabulim», era siempre muy restringido; El Zohar cita reuniones a las que no deben asistir más de siete personas, cada una de las cuales debe jurar no revelar el misterio. La doctrina secreta de los cabalistas, aunque oficialmente inspirada en el Antiguo Testamento, no siempre coincide con la doctrina esotérica del judaísmo. Así, mientras los exegetas de ésta resaltan la figura masculina de Dios, con todas las implicaciones machistas que conlleva, los seguidores de la Cábala subrayan su devoción por la Shekiná, sefirot o emanación femenina de Dios, lo que conecta a los cabalistas con todas las tradiciones ocultas que hacen referencia a la sacralidad telúrica de la Diosa Madre. Cabalista es, para los hebreos, aquel estudioso de lo oculto que busca siempre el camino de la luz, de la verdad y del bien. De ese concepto deriva directamente la palabra castellana «cabal».
UN REFRITO DEL TALMUD
Un abogado costarricense de origen judío, Bernardo Baruch, ha hecho un curiosísimo descubrimiento releyendo a la vez el Talmud y el Quijote: Cervantes no tuvo inconveniente en copiar casi al pie de la letra una escena del primero y reproducirla en el segundo, concretamente, uno de los juicios que el Gobernador Sancho Panza dictamina en la Insula Burataria (capitulo 45). Asi lo ha hecho publico en un libro recientemente.
Por que nadie se ha hecho eco antes de la existencia de este arriesgado refrito cervantino, escrito cuando toda la inquisición estaba en guardia frente a cualquier señal hebraica?. La razón la explica el propio Baruch: "Existe un desdén histórico hacia El Talmud, libro repetidamente prohibido a lo largo de la historia de España, de modo que, generalmente, los que estudian no leen El Quijote, y los que leen El Quijote no conocen El Talmud". La escena descaradamente copiada por Cervantes pertenece al Tratado Nedarin de El Talmud. Es la de los dos ancianos que se presentan ante Sancho Panza, uno de ellos con una caña a modo de báculo reclama al otro diez escudos de oro que le presto.
El acusado jura que se los ha devuelto, mientras da el báculo al otro viejo pidiéndole "que se lo tuviese en tanto que juraba, como si le embarazara mucho". El sabio Sancho deduce de ese gesto que los diez escudos se encuentran dentro de la caña, de modo que "mando que allí delante de todos se rompiese y abriese la caña. Hizose así, relata Cervantes, y en el corazón de ella hallaron diez escudos de oro. Quedaron todos admirados, y tuvieron a su gobernador por un nuevo Salomon". En este contexto, la cita cervantina a Salomon que remata la anécdota es otro guiño al avisado lector.